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Exterminar la Telebasura 22 septiembre 2009

Posted by rcalber in Derecho, Filosofia, General.
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La Ley 17/2006, de 5 de junio, de la radio y la televisión estatal, en su art. 2.1 y 3.2., apartados a) y b), señalan la obligación de los canales de radio y televisión de «.. atender las necesidades de información, cultura, educación y entretenimiento de la sociedad española. y promover el pluralismo, la participación y los demás valores constitucionales.», asi como “promover el conocimiento y difusión de los principios constitucionales y valores cívicos y garantizar la información objetiva, veraz y plural”.

Más de una vez me he encontrado, por desgracias del destino, teniendo que soportar ciertos programas que obedecen a cualquier interés que en nada tienen que ver con un esfuerzo por promover la difusión de valores cívicos y encima, para una vez que me toca, tener que soportar afirmaciones tales como “la Televisión es democrática” y “no hay más democracia que el mando a distancia”

Como me hubiera gustado en ese momento recordarle a esa señora el mencionado artículo y agregarle: “Perdone, yo conozco mis derechos y obligaciones como ciudadano, pagos mis impuestos y cumplo con la Ley, por tanto cumplo con todas mis obligaciones como ciudadano, pero también conozco mis derechos; si usted, su programa, su productora o su cadena de televisión no entienden que un espectador pueda invocar sus derechos quizás sobre usted, su programa o la cadena de televisión entera”

Por tanto el objetivo primordial de una cadena de televisión, sin perjuicio del interés comercial, es proporcionar a los ciudadanos unos espacios televisivos diversificados y de calidad, que no están reñidos con la obtención de pingües beneficios, pero que no debe discernir ninguna duda que no están relacionados en manera alguna con programas de la talla como Tómbola, Salsa Rosa, Supervivientes, El Tomate, Sálvame, etc.

La gran mayoría de espacios televisivos no constituyen un modelo a emular, ni a nivel moral, ni cultural, ni cívico con personajes con ramificaciones familiares o sentimentales diversas y que aprovechan la coyuntura de la popularidad para airear asuntos de “cuernos”, “drogas”, “dinero” y miserias diversas y que son únicamente de interés de un sólo sector de la población, que aunque respetable, no suele gozar de cierta formación y precisamente, para el que la televisión debería cumplir la mayor de las funciones sociales, como es la educación.

Por otra parte, vemos como son idealizados los “Ronaldos”, los “Beckams” o como personas como “Belén Esteban” y desplazan a personas como “Eduard Punset”. Da incluso la tentación de que para ser famoso y triunfar en la vida tienes que ser futbolista o torero o acostarte con alguien que lo sea o que salga en los medios de comunicación.

El valor de la Universidad no tiene sentido, da igual ser Periodista que Colaborador, cuando todos sabemos que la información necesita un tratamiento para darla.

De todas formas, también tenemos a los periodistas que ahora no dan la información suficientemente contrastada porque “La verdad no puede destrozarles un buen titular” o que aprovechan su minuto de gloria televisivo para preguntarle a una señorita cuantas veces se ha acostado con un señor. ¿Y en que Universidad dice usted que obtuvo la licenciatura?

El cachet se pacta en función del interés público y de las audiencias que una entrevista pueda tener en un espacio televisivo lo que a su vez redunda en publicidad e ingresos para la cadena. Desgraciadamente, cuanto más turbio, morboso y desagradable sea el asunto a airear más difusión tendrá y más dinero moverá cuando existen otras personas que por la altura de sus conocimientos científicos, intelectuales o de investigación son merecedores de la mayor difusión y reconocimiento económico.

El Gobierno pacto con las cadenas de televisión el cese de la publicidad en la televisión pública a cambio de que eliminaran del horario infantil ciertos contenidos ¿Creéis que se está cumpliendo?

La TV pública está muy mal gestionada y está entrando en el mismo juego que las cadenas privadas, pero una televisión pública no tiene porque ser rentable, porque prima el interés común, en el sentido en que tiene que versar sobre temas relevantes y variados.

Creo que tampoco cabe ninguna duda que el poder de los medios es de facto, un poder más del Estado que quita a Partidos Políticos del Poder y pone a otros, pero que a la vez, estos pueden sufrir las consecuencias de quien legisla y ser víctimas de leyes “a medida”.

Es muy peligroso, por tanto, que el Gobierno pueda intervenir censurando o incluso quitando licencias de televisión a aquellos que incumplen la normativa, para dar esas frecuencias a otras cadenas. Además, no creo que las cadenas de televisión se lo dejaran fácil al Gobierno.

Por otra parte, se nos podría ocurrir intentar que sea el poder judicial el que medie en la contienda, pero el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional se encuentran envueltos en luchas de poder, que acabaran siendo mediatizados por el poder político.

Por tanto, creo que es hora de arreglar el problema del Poder Judicial, separandolo TOTALMENTE del político, impidiendo que el Ejecutivo o el Legislativo puedan elegir a miembros del Judicial.

Esto permitiría que la actividad de la Televisión, por petición de las Cortes, pudiera ser supervisada y en su caso censurada, por los Tribunales del Judicial.

Comentarios»

1. Exterminar la Telebasura - Foros de Economa, hipotecas, finanzas y vivienda - 22 septiembre 2009

[…] […]

2. droblo - 22 septiembre 2009

En su reciente libro «Ejemplaridad pública», Gomá hace un interesante análisis de la vulgaridad, un concepto imprescindible para entender la sociedad actual. Vulgaridad es la aceptación del valor cultural, estético o moral, de la espontaneidad, de lo no educado. Es el limbo de las equivalencias. «Respetable por la justicia igualitaria que la hace posible -escribe-, la vulgaridad puede ser también, desde la perspectiva de la libertad, una forma no cívica de ejercitarla, una forma, en fin, de barbarie». Creo -esto ya lo digo yo- que estamos fomentando una «democracia vulgar», donde la igualdad de derechos se convierte en igualdad en todo, por ejemplo, en el valor de las opiniones. La «democracia noble» que defiendo no nos unifica a todos por un rasero bajo, sino que nos anima a todos a una vida aristocrática. El proyecto democrático de búsqueda de la justicia, de la inteligencia social, de la creación ética, no anula la distinción sino que nos impone a todos ser distinguidos. Se lo he dicho muchas veces: debemos afirmar una igualdad de oportunidades, pero una aristocracia del mérito. Eso es lo que significa la frase que comento. A partir de la igualdad hay que educar para la excelencia.

JOSÉ ANTONIO MARINA / Filósofo


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