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Eres un sol 10 diciembre 2009

Posted by rcalber in Curiosidades, Economía, Historia, Politica.
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Cuando sentimos algo especial por alguien, solemos decirle: “eres un sol”.

Todas las civilizaciones se han dado cuenta de que nuestra estrella es símbolo de vida e incluso e incluso es considerado un Dios por diversas fuentes mitológicas, como la griega, la azteca, la inca o la egipcia.

El Sol es nuestra estrella más cercana, el corazón del Sistema Solar. Nos da vida, nos ilumina, nos da calor y es fuente de energía inagotable. En definitiva, necesitamos del Sol.

En la Historia de Europa también tenemos un Rey Sol, concretamente en Francia y de nombre Luis XIV conocido como Luis el Grande pero más como el Rey Sol.

El nacimiento de este Rey fue recibido como un don divino ya que sus padres, Luis XIII y Ana de Austria, no habían conseguido consagrar un heredero en 23 años.

Su cuñada lo describió al poco de su muerte asi: “Cuando el rey quería, era el hombre más agradable y amable del mundo. Sin ser perfecto, nuestro rey tenía grandes y bellas cualidades y no mereció ser tan difamado y despreciado por sus súbditos a su muerte. Mientras vivió, le adularon hasta la idolatría”

¿Y por qué lo difamaban?

– Estando al borde la muerte, su padre lo llamó y le preguntó: ¿Sabes quien eres? Si papá, Luis XIV. (no creo que antes de morir le hiciera mucha gracia al padre)

– No podía pasar de un espejo sin mirarse en él. Luis XIV no sólo siguió las tendencias de la moda, sino que dada su enorme influencia, impuso algunas de sus costumbres en el vestir: enormes pelucas de pelo natural, mangas adornadas de ricos encajes venecianos y, como no, sus famosos zapatos de tacón alto. Zapatos exquisitos y únicos elaborados siempre por su zapatero personal, el francés Nicholas Lestage. Un artesano al que dio precisas instrucciones: refinados, aunque adornados con vistosos lazos, brocados y piedras preciosas; suelas de color rojo; tacones con una pequeña curvatura; bordados en plata con escenas de batallas… Todo un derroche de imaginación y sofisticación. Hasta tal punto el Rey era fanático de sus nuevos zapatos que -en parte, para hacer constatar su supremacía- prohibió llevar el exclusivo modelo al resto de la corte y aquel que le desobedeciera sería castigado con la pena de muerte.

– . Se estima que una media de cien personas, todos hombres, asistía, a diario, al despertar del Rey para presenciar el aseo, peinado, afeitado y desayuno del monarca. El almuerzo de Luis XIV, en un principio privado, se convirtió también en un acto público -similar al despertar- en el que los asistentes eran meros observadores. Pero, además, impuso puntillosas reglas que designaban la superioridad de aquellos que podían dirigirse a los grandes personajes, cuándo y dónde. Y es que para el monarca, el arte del aparentar era realmente primordial. De hecho, para ganarse los favores del Rey, aspectos como la belleza física o la posesión de fortuna suficiente para poder cambiar varias veces al día de indumentaria adquirieron suma importancia.

Todo para el pueblo pero sin el pueblo

Cuando muere, Luis XIV empieza a ser criticado con dureza en todo el siglo XVIII. Básicamente porque los valores intelectuales de la Ilustración rechazan y condenan el sitema de Gobierno representado por Luis XIV.

La Ilustración defiende la crítica, el reparto de poderes, la tolerancia hacía las culturas y las religiones y muy poco de todo esto había defendido Luis XIV. La única excepción es el filósofo Voltaire quien escribe “El siglo de Luis XIV”.

Cuando estalla la Revolución Francesa en 1789, la imagen de Luis XIV esta ya bastante dañada como para que en las jornadas de mayor agitación las estatuas del monarca fueran atacadas y derribadas. Luis XIV era símbolo de ese despotismo que había que tirar.

El Estado soy yo

Estando Luis XIV de caza, se enteró de que el Parlamento de París se había opuesto a una norma dictada por él mismo. Estaba en su derecho aquel Parlamento, pero el rey no se lo tomó bien cuando se enteró.

Viajó hasta París de inmediato y, aún vestido de cazador, le dijo al presidente de la Cámara que tenían completamente prohibido examinar y discutir las normas por él dictadas. El presidente tiró de formalismos y le comentó a su majestad que el Parlamento discutía los edictos reales en la búsqueda del bien del Estado. El rey atajó aquellas ideas en un momento con la famosa frase: “El Estado soy yo”.

Conclusiones

– Podríamos pensar que lo único que tenemos en común, con el paso de la historia, es que la principal aficción y quehacer de los Reyes es la caza. Nada más lejos, el “todo para el pueblo pero sin el pueblo” y “El Estado soy yo” siguen vigentes.

– Tenemos repertorio para coger desde los principios de la democracia:
– Los GAL
– El decretazo
– La guerra contra Irak
– El canón
– El pensionazo
– Cierre de páginas webs sin orden judicial
– etc.

Muchos dirán que en todos los casos había un Gobierno elegido por el pueblo y que actuaba en representación de éste ¿En que parte del programa electoral venían estas medidas?

– Creo que a partir de ahora más que decir “eres un sol” voy a cambiar la frase por algo así como “eres un cielo”.

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