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Itimad Al Rumaikyya 12 febrero 2010

Posted by rcalber in Curiosidades, Filosofia, General, Historia.
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Al rey Almutamid “el poeta” en la Sevilla de los Taifas no se le recuerda, que yo sepa, por ningún acontecimiento histórico de especial relevancia salvo por ser el primero en pagar un diezmo al Rey Alfonso VI para evitar un conflicto bélico que le hiciera perder el reino.

En Sevilla, que yo sepa, no hay nada que le recuerde: Ni calle, ni plaza, ni esquina, ni parque, NADA, bueno, quizás lo único un restaurante muy conocido. Sin embargo, el otro día paseando con mi esposa por las callejuelas del casco histórico me encontré con una lápida que rezaba algo que ahora no recuerdo exactamente pero tal que así: “En memoria de la esclava Itimad a quien el rey Almutamid convirtió en reina”

Me pareció muy curioso porque no conocía esa historia y si era cierto o no era más que otra de las muchas leyendas de las que rondan por Sevilla y que tanto me gustan.

Resulta que tras esa lápida se encuentra, a mi juicio,la leyenda más bonita de la historia de Sevilla y que fue plasmada, con bastante poca fortuna, en el libro de D. Juan Manuel “El Conde Lucanor” que curiosamente conservo por formar parte de mis estudios de 2º de Bachillerato y que contienen el relato que por la forma en que fue presentada, pase en su día por alto.

Igual que a muchos de nosotros nos gustaba hacer rimas de curioso gusto (5, por el culo te la …), resulta que en la época del reino de taifa de Sevilla era común pasear e ir haciendo rimas compitiendo con alguien.

Nuestro Rey, que era poeta, iba paseando por la ribera del Guadalquivir entretenido en éstas distracciones junto con su consejero al que en un momento dado le recita:

La brisa convierte al río
en una cota de malla

El consejero del rey se quedó en blanco y sin poder conseguir una buena rima improvisada, cuando se escuchó a alguien decir:

…. mejor cota no se halla
como la congele el río.

Los dos amigos se volvieron para ver quién había completado la estrofa con tanta gracia e inspiración, y vieron a una graciosa jovencita descalza que llevaba un borriquito moruno del ronzal. Y poco más vieron, pues apartándose de ellos, en seguida se encaminó salerosa hacia Triana por el Puente de Barcas, un puente que había en Sevilla y que era previo al puente que posteriormente construyó Isabel II y que se conoce como el actual Puente de Triana.

El Rey quedó prendado de ella y mando a su consejero que averiguase las señas de identidad de esta chica, resultando tratarse de una esclava llamada Itimad, propiedad del rico Rumayk (de ahí el sobrenombre de Itimad “La Rumaikyya” o Rumaiquilla), que se dedicaba a conducir sus mulas y a trabajar en el horno del dueño que era un mercader alfarero.

Conocedor del interés del rey por su compra, no tuvo reparos en regalarle lo que supondría el bien más preciado de este monarca, quien hasta entonces sólo había mostrado interés por la cultura, los caballos y las armas.

Almutamid se casó con ella convirtiéndola en la reina Umm Rabi I´timad , si bien su título era el de as-Sayyida al-Kubrà, o gran señora. Fue su única esposa y su amor duró toda la vida, tanto en los momentos buenos como en los momentos malos.

Itimad, por su personalidad, pronto se ganó el respeto y el cariño de la corte a pesar de que ciertas ideas, por avanzadas en su tiempo y de corte feminista, no hicieron mucha gracia a los ulemas. Así, por ejemplo, permitió que las mujeres sevillanas se quitasen el velo del rostro, en contra de lo que prescribía la religión islámica.

A pesar de sus logros, se cuenta que en una ocasión Itimad vió a algunas mujeres pisando barro para preparar ladrillos a través de una de las ventanas del Palacio (El Real Alcazar de Sevilla) y recordó sus días cuando era pobre y solía hacer lo mismo. El Rey que la encontró melancólica le preguntó cual era el motivo de su llanto y le contestó que ya no podía hacer lo que quería, ni siquiera pisar el barro para hacer adobes, como aquella humilde mujer descalza que estaba junto al río.

Escuchados sus lamentos, al cabo de una semana el rey despertó a Itimad diciéndole que ya podía bajar al patio, donde encontraría aquello que más deseaba. En efecto, el patio del Alcázar estaba cubierto de una espesa capa de barro muy parecido al que cuando ella era niña había pisado en Triana. Pero cuando Itimad metió los pies en el barro, llena de emoción, comprobó que estaba amasado con las más exquisitas especias y perfumes del reino, como azúcar, canela, espliego, clavo, almizcle, ámbar y algalia. Y allí estuvo Itimad jugando con sus doncellas un buen rato, amasando con los pies el perfumado barro, y riendo entre alegres y estrepitosas risas.

En otra ocasión se encaprichó en ver la nieve, pero en aquel momento vivían en Córdoba y tendrían que desplazarse a tierras de cristianos o a Granada, donde no quería molestar para no perturbar la paz entre las regiones por un mero capricho.

Continuó pues Itimad con su nostalgia, y Almutamid no volvió a hablar del asunto. Pasado un tiempo, una mañana de febrero, cuando Itimad se despertó y se asomó al ajimez de su gabinete, no daba crédito a lo que veían sus ojos, pues todo el campo de Córdoba estaba cubierto por un terso manto de nieve. “¡Ha nevado! ¡Ha nevado!”, iba gritando Itimad por los pasillos de palacio con una alegría desbordante. Mientras Almutamid sonreía satisfecho, pues su esposa no había descubierto su amorosa superchería. En realidad había hecho traer de la vega de Málaga en caravanas de carros más de un millón de almendros que mandó plantar en la sierra cordobesa, frente a los ventanales del Alcázar Viejo. Y ahora a finales del invierno, al llegar la época de la floración, el campo cubierto de almendros floridos aparecía blanco, como si hubiera nevado copiosamente.

Sea como fuere, lo cierto es que Al Mutamid reinó en Sevilla rodeado de arte, amigos y poetas. En ningún momento de la historia de al-Andalus floreció tan brillantemente la poesía como durante el reinado del tercer y último rey abbádí de Sevilla, al-Mu’tamid ibn ‘Abbád.
Sin Rumaykiyya quizás esto no hubiese sido posible pues durante el feliz reinado de Al Mutamid, su palació vivió en un dulce ensueño que contagió arte y poesía a toda la ciudad sólo perturbado por las obligadas ausencias de Al Mutamid que se despedía de su esposa con bellos versos de amor como el siguiente acróstico en el que cada verso comienza con una letra del nombre de Itimad:
Invisible tu persona a mis ojos,
está presente en mi corazón;
Te envío mi adiós con la fuerza de la pasión,
con lágrimas de pena, con insomnio;
Indomable soy, y tú me dominas,
y encuentras la tarea fácil;
Mi deseo es estar contigo siempre
¡Ojalá pueda concederme ese deseo!
¡Asegúrame que el juramento que nos une,
no se romperá con la lejanía;
Dentro de los pliegues de este poema,
escondí tu dulce nombre I’timâ

Cómo veis, las pruebas de amor del rey hacia Itimad son incontestables, pero Itimad aparece en el cuento del conde Lucanor como una señora caprichosa que nunca estaba contenta con nada y la trata como una desagradecida (Cuento XXX .- Lo que sucedio al rey Abenabe de Sevilla con su mujer Romaiquía).

Como se ha desvelado antes, estamos en un contexto histórico en que el Rey Alfonso VI está en plena reconquista y Almutamid ha conquistado el taifa de Cordoba y mantiene la paz con Granada. Ante esta situación, decide alinearse con el emir Yusuf para sostener la presión expansionista cristiana pero este último viene con la misión de prender al rey y desterrarlo a Marruecos por “ser un sultán impío que se había casado con una sola mujer, a la que permitía extravagancias feministas y artísticas”

Almutamid, prisionero, fue enviado primero a Tánger, después a Meknés y, por último, a Agmât, no lejos de Marrakech . I’timâd lo acompañó al destierro a Africa, con él compartió la desgracia y la miseria en Agmat.
De nuevo volvió a vivir en la miseria como cuando era la Romayquía de Triana, y para ganarse la vida, mientras su marido estaba en prisión, hilaba y tejía sin descanso.

Almutamid escribió al final de su vida estos versos:

El corazón persiste y no cesa;
la pasión es grande y no se oculta;
las lágrimas corren como las gotas de lluvia,
el cuerpo se agosta con su color amarillo;
y esto sucede cuando la que amo, a mí me está unida:
¿Qué sería, si de mí se apartase?

Como me repito, para mi esta es una de las historias más bonitas de entre muchas otras de las que hay encerradas en los muros de mi ciudad y que particularmente me hacen sentir tan enamorado y orgulloso de mi tierra y que hoy, ante la perversión de lo que supone una fecha como la del 14 de febrero, nos ayuda a recordar en que consisten sentimientos tan complicados y a la vez tan sencillos y necesarios como amar y sentirse amado.

Comentarios»

1. Cristina Fernández barcala - 6 junio 2011

Cierto es. hace años dediqué una serie completa de miniaturas hechas con temple y oro líquido a los poetas andalusíes. Ahora estoy preparando otra dedicada a las poetisas, entre las que se encuentra la famosa Rumaikiya.

2. manuel - 17 enero 2012

muy bonita historia y mas cuando una amiga mia usa el nombre de iTIMAD y me encantaria saber en q calle de Sevilla esta la placa a la q hace alusion a Itimad,,,seria un buen regalo para mi amiga,seguro q seria una sorpresa para ella

3. manuel - 17 enero 2012

Cristina te agadeceria q cuando terminaras tus miniaturas te pusieras en contacto conmigo,por favor,Te dejo mi corrreo pelelin770@hotmail.com

4. ziad sukkar - 21 septiembre 2012

para la memoria del rey triste que amó Sevilla y la vida, en el mundo árabe se hace esta película de la televisión :
primero encuentro de almutamid y itimad :

el extremo triste en exilio en Marruecos :

el extremo , muerte de itimad :

5. Teo Palacios - 4 enero 2013

Hola, mi próxima novela está dedicada a la figura de Al-Mutammid (Ediciones B, 13 febrero 2013). No es cierto que en Sevilla no se recuerde al último rey de la ciudad. Los alcázares, por ejemplo, tienen los “jardines de Al-Mutammid”, e incluso hay una columna dedicada a su figura. Si te interesa la vida del personaje, te gustará la novela. Se titula La Predicción del Astrólogo.

Si te apetece, estamos en contacto. Saludos

6. Juan - 11 diciembre 2013

Dentro del Alcazar en una plazita hay un busto de al Mutamid. A Rumaiquilla la conoció en Silves en compañia de Ib Amar su gran amigo. Silves (Portugal) la conquisto con 14 años y alli tambien hay una plaza y monumento con su nombre. Ademas de otras conquistas… un saludo.


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