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Nacionalismos 26 marzo 2010

Posted by rcalber in General, Historia, Politica.
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Hay cierta tendencia a equivocar los conceptos de nacionalismo con regionalismo y nación con Estado, conceptos que conviene aclarar de modo introductorio ya que incluso he llegado a escuchar al PNV decir que ellos buscan la independencia y que recibieran como respuesta de los nacionalistas catalanes, que ellos no aspiran a ella. (CiU)

Cuando hablamos en el término nación nos referimos a la unidad de un pueblo desde el prisma de los sentimientos, como un territorio unido por una misma lengua, cultura, costumbres, religión, historia, e idea de identidad propia.

Cuando usamos el vocablo Estado lo hacemos apelando a las instituciones, es decir, como una organización social con instituciones que tienen el poder de gobernar, ejerciendo su soberania sobre un territorio y sus habitantes. Poder, territorio y población son, por consiguiente, los elementos que conforman el concepto de Estado.

Por tanto, pueden coexistir un Estado y varias naciones, pero una nación no tiene porque constituir un Estado. La idea del nacionalismo es que sólo una nación puede formar un Estado cuyas fronteras deben terminar donde termina el sentir nacionalista, porque la nación debe ser la base legítima sobre la que se forme y de ahi, el independentismo.

El regionalismo, a diferencia del nacionalismo defiende, la distinción de una región dentro de un Estado y por tanto, no reclama la independencia.

El nacionalismo no es algo nuevo, si no que viene alimentado de antaño y es una aspiración que el Régimen franquista trató de represaliar, entendiendo que se trataban de ideas opositoras al Régimen. Cabe recordar que Felipe II fue Rey de España desde el 15 de enero de 1556 hasta su muerte, de Nápoles y Sicilia desde 1554 y de Portugal y los Algarves (como Felipe I) desde 1580, realizando una ansiada unión dinástica con Portugal, que duró 60 años. Fue asimismo Rey de Inglaterra, por su matrimonio con María I, entre 1554 y 1558 y con colonias en America, África que se han ido perdiendo, el último de ellos el Sahara en 1975.

Con la llegada de la Constitución se intentó poner freno a las ideas nacionalistas a cambio de reconocer que en España existen regionalismos a los que se concede el derecho de autonomía, debiendo prevalecer la solidaridad entre todas ellas, y así se plasmó en el art. 2 de la CE “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”

Hasta aqui todo bien, pero resulta que desde hace 200 años la clase política, más que hacer una función de bomberos se dedican a provocar incendios y a dividirnos en dos Españas (afrancesados/fernandistas, nacional/republicano) que han protagonizado divisiones violentas y que se vieron plasmadas en una Guerra Civil que ha supuesto la mayor vergüenza de la Historia Contemporanea española, con vecinos y familiares que estaban en bandos contrarios y pegandose tiros sin saber muy bien porqué.

Nacen los partidos políticos y se busca, con toda la buena intención del mundo, el pluralismo político, pero en España no se valoran cosas como la gestión, el cumplimiento de las promesas electorales o la representación que hacen de sus votantes, si no que se toma como un equipo de fútbol y se vota al PP o al PSOE mayoritariamente en función de si se es de izquierdas o de derechas. Por tanto, si alguien quiere entrar en la vida política tiene que vender algo diferenciador y es donde entra en juego la traición al espíritu constitucional que suponen los nacionalismos, que hay que respetar porque tienen todo el derecho del mundo, faltaria más, a participar en el juego democrático.

El juego de los nacionalistas es claro. Hay que reforzar lo que se entiende por nacional como medio de cohesión del territorio. Así, se trata de hacer mucho incapie en fomentar todo lo regional y despreciar todo lo que huela a “español”, entendiendo que ellos no se sienten identificados en esos simbolos, cultura, historia, lengua o lo que pillen por medio.

De esta forma, por ejemplo Cataluña, dice no tiene nada que ver históricamente con España, presumen de una lengua propia, una cultura diferente y unos simbolos propios (bandera y escudo) en la que se sienten más identificados que en la “bandera española” que les trae más bien recuerdos de la época de represión franquista.

Resulta que todos:

– Tenemos unos simbolos comunes y tambien diferenciados, ayuntamientos, CCAA, Estado.

– Tenemos una historia común y también diferenciada a todos los niveles (local, autonomico, nacional, continental y mundial)

– Tenemos una lengua común, el castellano, otras a nivel de ciertas comunidades autónomas pero también en niveles inferiores como pueden ser el belsetán, chistabino, tensino, pandicuto, bergotés, benasqués, grausino, ribagorzano, fobano, chistabino, ayerbense, somontanés, bable o mirandes, caló (comunidad gitana), el tamazight o el dariya, así como dialectos del castellano y de otras lenguas oficiales y no aficiales y por último lo que se conoce como lenguas de transición. Incluso en la Isla de la Gomera (Tenerife) hablan a silbidos aunque desconozco si es alguna lengua o una forma de comunicación.

– Tenemos una cultura propia y común, asi como unas costumbres comunes, algunas de ellas, que compartimos con el resto del mundo o con otras zonas, también unas costumbres y usos particulares de las Comunidades Autónomas, pero otras tambien a nivel local.

¿Que hacemos? ¿Atomizamos España? ¿Le decimos a los españoles que tienen que renunciar a una parte del territorio que sienten como suya en pro de la autodeterminación de una región? ¿Y si planteamos un referendum para que Alava deje de pertenecer al Pais Vasco? ¿Y si planteamos un referendum sobre el Valle de Aran porque no se consideran catalanes?

Lo que se hace es perjudicar la convivencia y herir los sentimientos, porque lo nacional, como hemos visto, representa una fuerte carga sentimental en pro de unos intereses políticos trasnochados, que en nada tienen que ver con la construcción europea y otras realidades supranacionales.

Al final, algo que se ha originado y planteado por puros intereses políticos, provocan un enfrentamiento entre regiones debido al chantaje de los “pactos por la gobernabilidad” que se llevan a cabo sin tener en cuenta los intereses de los demás, así como enfrentamientos entre los pobladores de esas regiones que ven ataques contra “su lengua” o “su cultura” que les genera un malestar que les impulsa a atacar verbalmente a otras.

Así, cualquier crítica a los nacionalismos,como éste, se convierte automáticamente en una especie de ataque “desde madrid” y fomentando el victimismo, se consiguen votos, cuando lo que nos deben ofrecer no son lágrimas ni palabras sino su gestión en la labor de gobierno u oposición, su experiencia y el cumplimiento del programa electoral. Eso no ocurrirá mientras nosotros votemos apelando a sentimientos y no como debemos hacer, valorando las mejoras o empeoramientos que nos haya generado su gestión.

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Comentarios»

1. ARISTIDES - 28 marzo 2010

Una reflexión:

Si se le pregunta por ejemplo a un castellano o extremeño qué se siente más español o de su tierra. Seguramente no entenderá la pregunta por obvia.

Esa misma pregunta realizada en el País Vasco o Cataluña, tendría plena vigencia y la contestación posiblemente señalará que más del 50 ó 60 % dirían que por encima de todo son de su nacionalidad (la que carece de Estado).

¿Cuál es la razón para que después de tantos años juntos gran parte de esa gente no se considere española?

Las ideologías se pueden razonar, pero los sentimientos son algo que no admiten la lógica. Ante ellos poco vale la ilegalización de partidos, la modificación de las leyes o tratar de convencer que perteneces a un país que no consideras el tuyo.

Miro a mi tierra y veo 2 siglos de luchas y de sangre que se manifestaron con las Guerras Carlistas, la Guerra Civil y los 50 años de ETA. Siempre por el ansia de ser un País como su propio nombre indica: Vasco.

En fin, me parece que un pacto amplio por la convivencia es necesario, pero no veo a quienes lo pueden hacer posible que estén por la labor.


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