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Ese viajero incansable … 15 septiembre 2010

Posted by rcalber in Curiosidades, Derecho, Filosofia, General.
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Los pacientes Testigos de Jehová señalan que no aprueban la transfusión de sangre por ser un acto contrario a sus creencias y prácticas religiosas, que les impiden compartir la sangre.

Hemos oido en infinidad de ocasiones como pacientes en situación muy crítica se han jugado la vida o les ha alcanzado la muerte y se han mantenido firmes en la decisión de rechazar un tratamiento médico que les podría salvar la vida.

Esto, puede chocar con lo ocurrido con De Juana Chaos, de hecho, choca y es indefendible, pero vamos a dar por bueno el criterio que se ha seguido, en el que se sugiere que la vida de un preso está tutelada por el sistema penitenciario y, por tanto, era posible alimentar contra su voluntad a este asesino y salvar su repugnante vida.

Efectivamente, cuando tenemos que tratar el tema desde el punto de vista jurídico, nos chocamos con el derecho a la vida en contraposición con la libertad de credo y la libertad de conciencia de las personas. ¿Que es más valioso y que prevalece?

El error en que caemos (y me incluyo) todos es en pensar que el bien más supremo del ser humano es su propia vida, pero no es así, al menos, desde el plano jurídico. . El deber de conservar la propia vida tiene unos límites marcados por el uso de medios ordinarios y el uso de medios moralmente lícitos.

Ante un medio que el paciente considera inmoral del que puede seguir la recuperación de la salud o la prolongación de la vida hay quien considera que ciertas situaciones son inaceptables para la dignidad humana y quien decide, libremente, rechazar el tratamiento propuesto.

Estas consideraciones o valoraciones en conciencia responden a normas morales de carácter privado, es decir, sólo pueden tratarse desde la esfera íntima de la persona y ese momento íntimo de ejercicio de la libertad, no puede obstruirse, aunque consideremos ese ejercicio más o menos válido, por cuestiones morales ajenas y por tanto, queda la obligación de respetar esa libertad cuando el paciente, por supuesto, se encuentre en plenitud de sus facultades mentales.

Así, pese a que nuestro Tribunal Constitucional, en su Sentencia 120/1990, fundamento Jurídico nº 7, recuerda que “…..el derecho a la vida, reconocido en el artículo 15 C.E., tiene un contenido de protección positiva que impide configurarlo como un derecho de libertad, que incluya el derecho a la propia muerte…… En virtud de ello, no es posible admitir que la Constitución garantice en su artículo 15 el derecho a la propia muerte….”, su su célebre Sentencia 154/2002 de 18 de julio referida a la solicitud de amparo de unos padres de un menor fallecido a causa de la negativa a aceptar transfusiones de sangre por motivos religiosos, que “en definitiva, la decisión de arrostrar la propia muerte no es un derecho fundamental sino únicamente una manifestación del principio general de libertad que informa nuestro texto constitucional”

Unos meses después de esa última sentencia, apareció una norma que permite la negativa genérica al tratamiento prescrito es un derecho legalmente garantizado (artículo 2.4 de la Ley 41/2002 de 14 de noviembre básica reguladora de la autonomía del paciente), de forma y manera que, el resultado que pueda derivarse de esta decisión, libremente tomada por el paciente, derivaría en exclusiva responsabilidad del mismo, al reconocérsele un ámbito de libertad propio y exclusivo en el que ningún médico puede asumir competencias.

La ley impone la obligación de comunicar al paciente su diagnóstico, pronóstico, tratamiento pero también LAS ALTERNATIVAS DE TRATAMIENTO y la única responsabilidad en la que recaería el médico por malas praxis sería la de no comunicar otras vías alternativas. Si el paciente muere y ha sido informado de todo lo que rodea a su proceso patológico y ha rechazado en firme el tratamiento, el médico no adquiere ningún tipo de responsabilidad civil o penal.

En este punto, muchos podréis pensar que si la libertad de conciencia está por encima de todas las cosas, a alguien se le podría ocurrir hacer un ejercicio abusivo del propio derecho para hacer valer, por ejemplo, su derecho a no pagar impuestos porque su conciencia le impede favorecer la creación y mantenimiento de ejércitos o de no dar una habitación a una pareja de homosexuales porque su religión se lo impide.

La ley no ampara el abuso del derecho ni el ejercicio antisocial del mismo. La libertad de conciencia tiene su límite en el punto en que esa decisión, de hacer o no hacer, no implique un perjuicio a terceros o ponga en peligro el orden público.

Como he comentado anteriormente, para mi no existe mayor bien supremo que el derecho a la propia vida y, como todos tenemos una intuición de “lo justo” y pensamos que “lo justo” debe estar amparada por el derecho, siempre he creído que aunque una persona tenga el deseo de morir, no se le debe permitir.

La razón que esgrimo, en el choque dignidad o vida, es que en el cementerio no he conocido a nadie con dignidad. Es decir, la dignidad va inquebrantablemente unida a la vida humana y, una vez muerto, ni hay vida, ni hay dignidad ni hay nada.

Yo pienso que la dignidad es algo que uno puede pensar que se pierde, aunque va inquebrantablemente unida a la vida humana. Un señor que está en una cama atendido por terceras personas puede pensar que su vida no vale nada y a ese señor, más que ayudarle a facilitar su propia autodestrucción, hay que llevarle a encontrarse con su propia dignidad, facilitándole ocupaciones, entretenimientos y asistiéndole con mucho cariño.

Una persona que está en coma, del que probablemente no vaya a despertar nunca, no deja de ser un ser vivo y una persona. Nunca ha dejado de ser indigno por hayarse en esa situación, simplemente, es un señor enfermo con una patología para la que no hay cura ¿quién me dice a mi que no la tendrá mañana?

Por último, cabe la posibilidad de que se trate de un señor que padece sufrimientos inhumanos y cuya muerte es inminente y no existe posibilidad, antes de su muerte, que esa patología pueda ser enfrentada. Por el mismo criterio que en los casos anteriores, por dignidad, creo que a esa persona hay que darle cuidados paliativos (la sedación) para hacerle más dulce el momento de su muerte.

Comentarios»

1. ARISTIDES - 15 septiembre 2010

Creo que se debe repetar la decisión voluntaria de sujeto (debiera prevalecer sobre la jurídica y en todo caso, ser amparada por ésta) sobre su derecho a morir cuando lo realiza conscientemente y de forma expresa o reiterada.

Creo en la liberdad de elección de las personas sobre el destino de su vida -sin causar perjuicios a terceros- y que eso es algo íntimo que, en situaciones de sufrimiento o conciencia, debe ser repetado. Al sistema sanitario y a la justicia le quedaría el velar y ayudar al “buen morir”.

2. Eduardo - 15 septiembre 2010

<>
Creo que en este párrafo se confunde el derecho a vivir con el deber de vivir.
A veces es difícil comprender la moral de otras religiones o de otras personas. ¿Estaríamos dispuestos a salvar nuestra vida a cambio de un órgano vital de otra persona desconocida, extranjera y pobre, que sacrificaría voluntariamente su vida a cambio de salvar de la pobreza a su familia? No todo vale…


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