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Economía Real 6 octubre 2010

Posted by rcalber in General.
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Llevo un tiempo dándole vueltas a escribir un artículo sobre como se trasladan las grandes cifras macroeconómicas a la realidad de las personas de a pie, sin embargo, he chocado con un artículo que demuestra que nuestras situaciones económicas personales no sólo están dirigidas por esos grandes políticas rectoras de la economía si no que en cierta manera, también tenemos que asumir nuestra parte de responsabilidad y eso se refleja a fuego cada vez que me encuentro con un tema de avales, en las que primero otorgamos el aval y luego no queremos saber nada.

La historia que nos cuentan a continuación tiene que ver mucho con esa irresponsabilidad en los avales pero también llama la atención la falta de pudor y lo nauseabunda que puede ser la relación de un hijo con su propia madre, así como la falta de ética profesional que puede mostrar un abogado que no puede asesorar a una persona cuando intervienen intereses de otra.

Mi humilde espacio hoy para Trinidad, extraida de http://www.rankia.com/blog/subastas-judiciales/570458-subasta-colmenar

Trinidad no es una morosa porque hace años que tiene su casa pagada y no tiene ni un solo embargo. El moroso es su hijo, quien es una mezcla entre los ilusos que se hipotecan más de la cuenta y los que tienen mala suerte en los negocios y un día -mal rayo le parta- se le ocurrió la idea de pedir a su madre que le avalara para no se qué de sus negocios.

Ya sabemos que las madres siempre dicen sí y Trinidad no fue la excepción. Su única condición fue limitar el aval hasta 16.000 euros, que era la cantidad que consideró que podría pedir prestada si llegara el momento.

Vale el martes quedamos en el banco y firmas el aval

Eso le dijeron, pero se olvidaron de añadir que iba a ser un aval hipotecario o, lo que es lo mismo, una hipoteca. Cuando llegó, firmó donde le dijeron y se fue del banco si pensar ni por un momento que acababa de hipotecar su casa. El importe completo de la deuda hipotecaria es de 200.000 euros, de los que solo 16.000 afectan a su vivienda. El resto de la deuda afecta a una de las dos viviendas del hijo, que tiene alquilada, mientras vive en otra, también hipotecada por un importe muy superior a su actual valor.

Cuando le llegó en marzo del 2009 la notificación de la demanda se asustó mucho y se enfadó y lloró, pero entre el hijo y su abogado la convencieron de que no pasaba nada, que todo estaba controlado y que antes de dejarla a ella sin vivienda el banco subastaría las dos casas del hijo, aunque en realidad solo una de ellas (la alquilada) estaba afectada por la hipoteca.

De manera que cuando el pasado agosto le llegó la notificación de subasta con el edicto incluido, Trinidad no hizo mucho caso y se lo dio todo a su hijo para que éste se encargara. Angelito.

Y en estas, el viernes pasado, tras estudiar minuciosamente el expediente, me presento en el piso y le suelto de sopetón que la vivienda se subasta hoy martes y que si la quiere vender yo estoy dispuesto a comprársela. Casi la mato del susto. Se puso a gritar, a llorar, a negarlo. Decía que era imposible, que cómo la iban a dejar a ella sin casa teniendo su hijo dos pisos en el pueblo y viviendo en un dúplex de dos plantas. No daba crédito. Hay que decir que por pisos similares están pidiendo entre doscientos y trescientos mil euros y que el piso al menos vale ciento ochenta mil euros.

¿Cómo me van a quitar un piso de trescientos mil por una deuda de solo dieciséis mil? Es imposible, estás equivocado

La ayudé a llamar al abogado del hijo, a ella la temblaban las manos y no podía marcar el teléfono, y el tío cachondo dijo tranquilamente que sí, que era cierto, que él ya sabía hace unos meses que la subasta era inevitable y que hablara con el hijo. Fue la peor media hora de mi vida. Llantos y gritos, y el marido, devorado por el alzheimer, sentado al lado sin enterarse de nada.

Como pude le expliqué que la única solución factible sería ir ayer lunes a hablar con el juez y explicarle que, a pesar de las apariencias (notificaciones y esas cosas), hasta hacía dos días no pensaba que realmente su casa se fuera a subastar y que, dado que la deuda de su piso era ínfima, conseguir un crédito de 20.000 euros no sería difícil, que por favor retrasara la subasta de su lote, que hoy subastaran solo el piso alquilado del hijo y que así ella tendría tiempo para conseguir un préstamo para pagar la parte de responsabilidad hipotecaria que correspondiera solo a su piso.

Naturalmente los jueces, que a veces suspenden las subastas por chorradas, en casos de justicia como este se suelen mostrar impermeables a toda piedad o comprensión. Y este caso no ha sido una excepción. El juez ha dicho que él actúa solo a instancia de parte y que si el banco no pide la suspensión de la subasta él no puede hacer nada. Vaya por Dios.

Desde el juzgado contactaron con el banco, pero los representantes legales de éste dijeron que o se pagaban las cuotas atrasadas de ambas hipotecas o la subasta seguiría adelante. Ni siquiera les bastaba con la parte correspondiente al piso de Trinidad no, tenía que ser lo de ambos pisos o nada. Casi treinta mil euros en menos de 24 horas.

Todo esto me lo contaron ayer por la noche, en un último intento de que alguien les adelantara el préstamo para impedir la subasta. ¿Ahora el gilipollas soy yo? Lo siento mucho pero no, les dije, lo mío son las subastas, no los préstamos. Imagino cómo acabará la cosa, al final entre unos y otros a esta señora le van a dejar sin casa.

Antes de que los malpensados digan en los comentarios que Trinidad tenía que saber lo que firmaba y que el notario debió advertirle, pensemos que ella tiene más de sesenta años y que, por decirlo de alguna manera, no tiene la formación que hoy en día recibimos todos. No creo que sea tan difícil imaginar a varias personas de nuestro entorno que den ese perfil.

Lo alucinante es que en este asqueroso estado “sobreprotector”, donde apenas podemos vivir como hombres libres, donde todo lo que no está prohibido es obligatorio, donde quien no quiere trabajar puede vivir del cuento a costa del resto y donde el “estado de bienestar” se ha convertido en una pesada carga que está a punto de cargarse a la economía productiva, resulta que es sencillísimo atracar a una honrada señora de sesenta años y quitarla nada menos que su casa. Y todo ello sin pistolas, simplemente con un par de leguleyos. Por un lado sobreprotegemos y por otro permitimos que puedan llevarse a cabo tales atracos. Aunque claro, tampoco hay que olvidar el papel jugado por el hijo, ese gran majadero.

Comentarios»

1. rave_dj - 7 octubre 2010

Lo de majadero casi se queda corto. Yo tengo un saco de impropérios que le vendrían mejor.

Un saludo.

2. ARISTIDES - 7 octubre 2010

Y yo de adjetivos calificativos de larga tradición castellana.
Es increible y para temblar. Realmente triste, muy triste.


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